Konstytucja 3 Maja (la Constitución del 3 de mayo de 1791) representa un logro histórico en la historia política polaca y el desarrollo constitucional europeo. Adoptada por el Gran Sejm (parlamento) de la Mancomunidad Polaco-Lituana, este documento progresista se convirtió en la primera constitución moderna en Europa y la segunda en el mundo, siguiendo solo a la Constitución de los Estados Unidos. La constitución surgió durante un período de crisis nacional cuando el estado polaco-lituano enfrentaba la disolución debido a la debilidad interna y la presión de los imperios vecinos: Rusia, Prusia y Austria, cada uno buscando ventajas territoriales.
La Constitución del 3 de mayo introdujo reformas radicales destinadas a fortalecer y modernizar la Mancomunidad Polaco-Lituana. Abolió el dañino Liberum Veto (un procedimiento parlamentario que requería consentimiento unánime para todas las decisiones), estableció un poder ejecutivo fuerte bajo el rey, creó un servicio civil profesional, otorgó derechos significativos a los comerciantes urbanos y ciudadanos, y afirmó el principio de que la sucesión real seguiría el trono en lugar de a través de elección. Estas reformas encarnaron los ideales de la Ilustración de gobernanza racional, orden legal y administración progresista.
Desafortunadamente, la visión progresista de la constitución enfrentó una oposición externa inmediata. Rusia y Prusia vieron las reformas como amenazantes para sus intereses y capacidad de manipular la política polaca. En poco más de un año, la intervención militar rusa y la Segunda Partición de Polonia en 1793 destruyeron el orden constitucional. La propia mancomunidad dejaría de existir en 1795 después de la Tercera Partición.
A pesar de su breve implementación, Konstytucja 3 Maja influyó profundamente en la conciencia nacional polaca y se convirtió en un símbolo de las aspiraciones polacas por la democracia, la soberanía y la gobernanza progresista. Para los polacoamericanos, incluidos los del Área de la Bahía, la Constitución del 3 de mayo representa los ideales democráticos que los intelectuales y patriotas polacos defendieron a través de siglos de partición y ocupación, inspirando el compromiso polacoamericano con los principios democráticos en su patria adoptada.