El Bałtyk (Mar Báltico) representa la conexión vital de Polonia con el patrimonio marítimo y la identidad del norte, formando la frontera noroccidental del país y sirviendo como una característica geográfica e histórica crucial. La costa báltica polaca, que se extiende por más de 400 kilómetros, presenta puertos históricos que incluyen Gdańsk, Gdynia y Szczecin—ciudades que han sido centros de comercio, cultura e importancia política a lo largo de la historia polaca. La región báltica abarca la conexión de Polonia con el norte de Europa, Escandinavia y el mundo más amplio, haciendo que el comercio marítimo y el poder naval sean integrales al desarrollo polaco.
La historia marítima polaca es inseparable de la identidad báltica. Los puertos de la costa báltica polaca se convirtieron en centros de la Liga Hanseática, importantes rutas de navegación y poder naval durante los períodos más prósperos de Polonia. Hoy, la costa báltica atrae el turismo polaco, con playas de arena, pueblos costeros y actividades recreativas que reflejan la cultura polaca moderna. El mar ha moldeado la literatura, música y artes visuales polacas, inspirando innumerables obras culturales que celebran la dimensión marítima de la vida polaca.
Para los polacoamericanos, el Báltico representa los puertos ancestrales desde los cuales muchos emigrantes polacos partieron hacia América, haciendo que el mar esté simbólicamente conectado con los orígenes de la diáspora y la historia familiar. El Bałtyk tiene un significado emocional como la frontera entre el viejo país y las nuevas oportunidades. Los inmigrantes polacos y sus descendientes a menudo mantienen una conexión profunda con el patrimonio báltico, viendo el mar como un puente hacia las tierras ancestrales y un recordatorio del coraje y la determinación requeridos para cruzarlo en busca de mejores vidas.