Andrzejki, celebrado en la víspera de San Andrés (29 de noviembre), marca una querida celebración de transición en el calendario polaco entre el otoño y el invierno. Nombrada en honor a San Andrés, el apóstol tradicionalmente asociado con Escocia y Rumania, esta tradición polaca paradójicamente tiene raíces profundas en las costumbres polacas a pesar de la herencia internacional de su santo. Históricamente, Andrzejki sirvió como un marcador significativo en el calendario agrícola y el año eclesiástico, señalando la aproximación del Adviento y la temporada navideña. La celebración ha sobrevivido siglos de historia polaca, permaneciendo como un momento preciado para que familias y comunidades se reúnan y se preparen espiritualmente para el invierno.
La característica más distintiva de Andrzejki es la tradición de juegos de adivinación y predicción llamados “wróżby”, que predicen futuros románticos y eventos de la vida para las mujeres jóvenes. Los juegos tradicionales incluyen derretir plomo o cera en agua para formar formas interpretadas como presagios, interpretar imágenes a la luz de las velas y sacar lotes con significados ocultos. Estos rituales lúdicos pero significativos crean atmósfera y emoción, mezclando superstición con entretenimiento. Más allá de la adivinación, las celebraciones de Andrzejki incluyen reuniones festivas, música, baile y comidas especiales, con comunidades organizadas en torno a la amistad y la anticipación.
En la comunidad polaca del Área de la Bahía, Andrzejki permanece como un momento cultural apreciado cuando iglesias y centros comunitarios organizan celebraciones tradicionales. Estas reuniones preservan las tradiciones de wróżby mientras crean espacios para que los polacoamericanos abracen su herencia cultural. Para las generaciones más jóvenes, Andrzejki ofrece una conexión significativa con las costumbres polacas mientras construye lazos comunitarios. La celebración ejemplifica cómo las tradiciones polacas persisten a través de generaciones y geografías, manteniendo su capacidad de reunir comunidades y marcar las transiciones importantes de la vida con alegría, misterio e identidad cultural.